Sentado en un tronco de madera, una especie de maniquí observa con una mirada invisible una pizarra negra (Cuadro dentro del cuadro). En el fondo una fachada de un edificio y una cortina cerrada, a la derecha detrás del atril la sombra de lo que parece ser una estatua.
Con un carácter predominantemente geométrico, Chirico plasma la simetría en el diseño del maniquí como en los planos arquitectónicos de la pizarra.
El vaticinador o vidente presenta una analogía con el artista, en tanto su ubicación frente a la pizarra da la idea de un pintor que retrata el lugar donde se encuentra, jugando así Chirico con el sentido d profundidad, pues lo que el espectador percibe como fondo no es precisamente el enfoque retratado en el bosquejo de la pizarra, ya que no coincide con la postura en diagonal del maniquí.


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